Por: Joan Antoni Melé | 9 de mayo de 2013 | 6 comentarios »

Confiar para vivir

La importancia de la confianzaTan poco prometedores son los datos de los índices de confianza que se destacan en los medios de comunicación que habría motivos para comenzar a llamarlos índices de desconfianza.

Sin embargo, en estas líneas me gustaría obviar las estadísticas oficiales y defender la confianza. Confiar como valor personal, como una forma de vivir que acaba modelándonos a nosotros mismos y a nuestro entorno.

Raúl Contreras y Núria González, promotores de la entidad social Nittúa, exponen algunas ideas al respecto en ¿Cuánto nos cuesta la desconfianza?, un interesante artículo que han publicado recientemente y quiero compartir aquí. Explican que la desconfianza nos echa a la espalda, entre muchos otros costes, la pesada carga de los gastos militares y de seguridad, y que “una sociedad construida desde la confianza no sólo sería mucho menos costosa para las personas, aún teniendo que sufrir algún que otro engaño, sino que nos permitiría a todos convivir como iguales en un espacio de construcción personal y colectivo”.

La desconfianza extrema nos lleva al puro cinismo porque, al fin y al cabo, si pensamos que todo y todos tienden a actuar de mala fe, ¿por qué no ibamos a hacerlo nosotros? Si no hay alternativa, ¿para que dar un paso en positivo?

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Por: Joan Antoni Melé | 30 de abril de 2013 | 11 comentarios »

Todo empezó al mostrar la tarjeta de Triodos Bank…

Ahorro responsableHay una anécdota que me explican de forma repetida, personas distintas y diría que con cada vez mayor frecuencia. Comprando, se dirigen a caja para realizar el pago y, con la naturalidad de los gestos cotidianos, muestran al tendero o al cajero su documento de identidad y tarjeta bancaria, con la mente puesta ya en la llegada a casa o en cualquier otro evento posterior.

Pero, de repente, el gesto mundano, gris, se vuelve menos ordinario.

La persona al otro lado del mostrador esboza una sonrisa seguida de un “ah, ¿tú también eres de Triodos?”. O de “estos son los de la banca ética pero, ¿trabajan bien?”. Entonces, si el comercio no está demasiado concurrido, comentan cómo se les ocurrió hacerse clientes u, otras veces, empieza un interrogatorio tan amistoso como exigente de la persona a la que le suena lo de Triodos Bank pero quiere comprobar que realmente es un banco diferente que funciona. “Bueno, lo siento, me tengo que ir”, acaba diciendo el comprador mirando el reloj no sin sorpresa.

Tarjeta de presentación

Ni qué decir que es un placer oír este tipo de historias, cada cuál con su variación y su intensidad. Pero creo que son algo más que anécdotas simpáticas que interrumpen la previsibilidad de algunos días, eso tan dañino que llaman rutina. Sin ánimo de exagerar, me parece que está ocurriendo otra cosa: la tarjeta de débito de Triodos Bank, además de bancaria es, de alguna forma, una tarjeta de presentación. Una manera de pertenecer a un club un tanto especial, un club de ahorradores conscientes.

En esta sociedad en ocasiones tan anónima en que vivimos, en la que por la prisa u otras excusas tratamos a algunos desconocidos de forma casi maquinal -sobre todo en momentos como el de pagar por un producto- muestras una tarjeta y arranca una conversación franca. Se produce un instante de cercanía, como si en realidad conociésemos un poco al desconocido. ¿Le conocemos un poco?

Solo estamos realizando un pago, pero en ese momento nos damos cuenta de que hay otras personas que también saben que, con algo supuestamente tan frío como el dinero, podemos cambiar bastantes cosas en el mundo, en función de cómo lo gastemos o de la opción de ahorro que escojamos. Vemos que compartimos un interés que va más allá de obtener el máximo interés económico por encima de todo. Estamos más seguros del poder que, como personas, tenemos en nuestras manos.

Por: Joan Antoni Melé | 24 de abril de 2013 | 1 comentario »

Somos una parte imprescindible de la solución

Actuar con conciencia

Personas y empresas, sujetos activos de cambio (Imagen: Triodos Bank)

Después de cuatro años de una intensa y grave crisis económica, mucha gente se pregunta con angustia: ¿cuándo acabará esta crisis? Y es una pregunta inadecuada, porque nadie la puede contestar, y además, aunque alguien pudiera hacerlo, de nada nos serviría.

Pero sí que existen dos preguntas importantes, que no solo son adecuadas, sino que es urgente que todos reflexionemos sobre ellas si queremos salir algún día de la crisis. La primera es: ¿por qué hemos llegado a esta crisis? Y la segunda: ¿cómo deberíamos salir de ella? Porque si entendemos realmente lo que ha sucedido, y no nos limitamos de forma automática a responsabilizar exclusivamente a los banqueros y a los políticos, entonces descubriremos que todos tenemos una parte de responsabilidad en el problema, pero que también somos una parte imprescindible de la solución.

A mi modo de ver, la causa final de todo el problema es la pérdida de sentido de la vida del propio ser humano, y, en consecuencia, de la mayoría de sus actividades. En los siglos XIX y XX se ha desarrollado una visión materialista y mecanicista del ser humano y de su existencia en la Tierra, y ello ha llevado a aceptar de forma implícita el modelo darwinista de la lucha por la supervivencia. Parece que la vida no tiene un sentido en si misma, y que el único objetivo es sobrevivir el mayor tiempo posible y hacerlo con el mayor placer y la mayor comodidad a nuestro alcance. En esa lucha por la supervivencia, parece que quienes tienen las de ganar son los más fuertes o los que saben adaptarse mejor.

De sobrevivir a vivir

Esta deformación del modelo teórico con el que Haeckel y Darwin intentaron explicar la evolución de las especies en la naturaleza ha acabado imponiéndose como un dogma incuestionable y, además, se ha tomado como modelo en el mundo económico. Las empresas luchan por sobrevivir en el mercado, y tienen claro que deben ser fuertes y deben saber adaptarse si quieren superar a sus competidores. Encontramos este modelo tan normal, que así se enseña y se transmite en las escuelas y en las universidades. Se afirma que estamos en un mercado libre, en el que impera la ley de la oferta y la demanda, que cada uno debe buscar el máximo beneficio personal y que el propio mercado ya lo regulará todo.

Pero llevamos más de dos siglos defendiendo esta forma de hacer las cosas y las crisis han ido aumentando, y también el sufrimiento de millones de personas, a la vez que hemos ido destruyendo el planeta en el que habitamos hasta llegar a una situación insostenible que podría llegar a no tener retorno. Ya no podemos seguir defendiendo este modelo de economía y este modelo de empresas, basadas únicamente en la maximización de los beneficios a corto plazo y sin ningún sentido o misión en su actividad, sin ningún tipo de responsabilidad social o medioambiental. Cada vez más, unas pocas personas acumulan riquezas inmensas, y son miles de millones las que no llegan al mínimo para poder vivir en condiciones. En las empresas sobra miedo y codicia, y falta conciencia global, falta un sentido.

Empresas y personas como sujetos activos del cambio

Una empresa no es una actividad que se emprende para ganar dinero, sino porque se ha tenido una idea que se piensa que es creativa, que aportará valor a la sociedad, que ayudará a que mejore la calidad de vida de las personas o el medioambiente. Por supuesto que una empresa debe tener beneficios, pero el beneficio no debería ser el objetivo sino solo el resultado. Si una empresa produce algo que es útil para el mundo, y lo hace de forma eficiente, al final de año tendrá unos beneficios que indicarán que lo ha hecho bien y que ha creado riqueza; en este caso, el beneficio, el dinero, debería ser un indicador de la riqueza creada. Cuando se invierte el orden de valores, y el beneficio pasa por delante de las personas y del planeta, entonces se llega a la situación destructiva actual, que acaba volviéndose en contra de los mismos que la han iniciado como si fuera un boomerang.

La nuevas empresas que permitirán que algún día salgamos de la crisis, pero que salgamos todos los seres humanos, no solo unos cuantos de algunos países, son aquellas que ya han comenzado a cambiar los modelos del pasado. Son empresas que se fundamentan en personas interesadas por los otras personas, y que establecen un nuevo tipo de relaciones de carácter más orgánico. En un organismo cada célula o cada órgano está en relación con el conjunto, y todo lo que hace repercute en las otras células, a la vez que le afecta todo lo que hacen las demás. Esta es la diferencia entre un organismo y un mecanismo.

Muchas empresas actuales tienen estructura de mecanismo, en donde las personas son solo piezas de una máquina, y en donde nadie tiene conciencia de lo que hacen los demás ni tiene opción de tener iniciativa. En cambio, en las nuevas empresas las personas dejan de ser solo recursos, y pasan a ser sujetos activos del cambio.

El mejor marketing es ser auténtico

Curiosamente, el hecho de tener “un sentido” o una misión, es decir, el hecho de estar enfocados en ser útiles a la sociedad y en la voluntad de aportar valor, se convierte indirectamente en una oportunidad y en la mejor estrategia de marketing. Y quiero que no se me malinterprete, no digo que tengamos que hacer estrategias de parecer “buenos” para vender más, sino que con la crisis son cada vez más las personas que han despertado a la conciencia, que se han dado cuenta de que si nuestro comportamiento no es ético en todo lo que hacemos, entonces no tendremos futuro.

Esos miles o millones de personas que ya han hecho el cambio de conciencia y han decidido comprometerse para conseguir ese “otro mundo posible” del que todos hablan, esas personas apostarán cada vez más por un consumo responsable y favorecerán a las empresas éticas, mientras que penalizarán a las que no lo son. El mejor marketing es ser auténtico y transparente, esto es lo que hoy abre más oportunidades.

No podemos esperar ya más para implicarnos personalmente en el cambio de modelo. No somos lo suficientemente conscientes de que los graves problemas de hambre, escasez de recursos y enfermedades provocadas por la contaminación del aire, del agua y de la tierra, que hoy afectan a millones de personas, pueden llegarnos en cualquier momento a nosotros, al igual que nos ha llegado la crisis económica cuando vivíamos dormidos en la opulencia y en el consumo irresponsable. No creo que tengamos ya más avisos, ya se nos ha dicho todo; ahora solo hace falta determinación y coraje para llevar a cabo aquello que, por fin, ya vemos que es lo único que tiene sentido.

Texto publicado originalmente como capítulo del libro Buscando nuestro momento – Eureka 

Por: Joan Antoni Melé | 17 de abril de 2013 | 1 comentario »

La cometa de José Luis Sampedro

La cometa de SampedroA veces es complicado andar nuestro propio camino, y no digamos dejar alguna huella. Lo consiguió, sin lugar a dudas, el escritor y economista José Luis Sampedro, que nos dejó hace unos días y a quien me gustaría recordar también en este blog.

Conocido por su compromiso social, Sampedro no se conformaba con pasar por el mundo sin más, sin levantar la voz ante lo que consideraba inaceptable o proponer alternativas.

“Es justo reconocer que la ciencia económica ha progresado mucho, especialmente en sus técnicas instrumentales. Pero, ¿en qué dirección? ¿Buscando nuevos caminos ante el fracaso o involucionando hacia una torre de marfil?”, se preguntaba el autor de Economía humanista: algo más que cifras en su discurso de nombramiento como miembro de la Real Academia de la Lengua, allá por 1991.

En esta misma faceta suya, quizás menos popular, de economista, me quedaría con una imagen a la par precisa y preciosa que supo dibujar con palabras:

“La libertad vuela como las cometas. Vuela porque está atada. Usted coja una cometa y láncela, no vuela. Pero átele una cuerda y entonces resistirá al viento y subirá. Cuál es la cuerda de la cometa de la libertad: la igualdad y la fraternidad. Es decir, la libertad responsable frente a los demás”.

Solo cooperando, construyendo entre todos un mundo más justo, podemos hacer volar nuestra cometa de la libertad, y añadiría que también de la felicidad. No nos quedemos con las ganas de actuar, hagámoslo cada día en la medida de nuestras posibilidades, siempre mayores de lo que somos capaces de imaginar; solo así viviremos plenamente.

Por: Joan Antoni Melé | 12 de abril de 2013 | No hay comentarios »

Sigue en directo mi charla en TEDx Burgos

TEDx Valencia - Joan MeléEn más de una ocasión me han preguntado si es posible seguir alguna de mis charlas en directo por video. Pues bien, mañana sábado participaré en la I edición de TEDxBurgos 2013 para hablar sobre Dinero y Conciencia. Ya he tenido la oportunidad antes de participar en otros encuentros de TEDx, un programa de conferencias locales donde se reúnen a pensadores y emprendedores para compartir en 16 minutos su visión de futuro. El encuentro se puede seguir dede este enlace a partir de las 9h, y mi ponencia será la última que cierre el encuentro, a las 14.50h.

VER LA CONFERENCIA EN DIRECTO

Espero ser capaz de poder transmitir en tan solo unos minutos el espíritu optimista y transformador que intento trasladar en todas mis charlas y dar respuestas a través de este blog a las dudas que surjan de la misma. Nos vemos por aquí.

Por: Autor Invitado | 4 de abril de 2013 | 2 comentarios »

¿Cómo debe ser un banco bueno?

Por James Vaccaro, responsable de desarrollo corporativo de Triodos Bank

Banca con valores

Fotograma del video Triodos Bank en 1 minuto

Después de lo ocurrido en los últimos años, nuestras expectativas sobre la banca se encuentran en mínimos históricos. Es oficialmente la profesión más denostada, con unos niveles de desconfianza que duplican los de confianza, y una reputación hecha añicos. Y, si uno piensa en qué es un “banco bueno”, a cualquiera le cuesta imaginarlo.

Son muchos los que coinciden en que un banco bueno simplemente es, o debería ser, una entidad “aburrida” – que actúe de forma segura y no pierda nuestro dinero. Pero un verdadero banco sostenible tiene que ser mucho más que eso.

El debate actual sobre la reforma de la banca suena muy aséptico, con alusiones constantes a términos como segregaciones, limitaciones, pruebas de resistencia y restricciones (electrónicas o de otro tipo). Parece que hablamos de una bestia salvaje a la que hay que domar, y no de un negocio orientado a las personas. En el blog de Joris Luyendijkg, distintos agentes de bolsa y profesionales de la banca en la City londinense comparten de forma anónima su visión sobre la propuesta de la UE para limitar sus bonus (a un máximo de dos veces su salario) y sus opiniones resultan muy reveladoras sobre la cultura en la que viven. Confían en que, sean cuáles sean las normas que se impongan, sus entidades encontrarán la forma de sortearlas, como han hecho siempre.

Justifican sus bonus como una forma de motivación por tener que levantarse a las cinco de la mañana y no salir de la oficina antes de las ocho de la tarde. No parece un ritmo de vida muy saludable y, ciertamente, no ha resultado demasiado saludable para el resto de la sociedad. En esa cultura monotemática, resulta difícil encontrar nuevas formas de motivación más allá de los beneficios, sobre todo cuando es el lucro la única razón por la que se trabaja.

Es precisamente el elemento cultural el que parece olvidarse en el debate sobre la reestructuración del sistema financiero. Con independencia de las normas que la banca tenga que acatar, son las personas que dirigen esos bancos y las que trabajan en ellos quienes definen su cultura y, en último término, quienes determinan en qué se van a convertir esas organizaciones. Si bien es cierto que las regulaciones son importantes y necesarias, no son suficientes para definir cómo opera una organización. Seguramente los gobiernos, y quizá también algunos nuevos CEOs del sector de la banca, quieran encontrar soluciones rápidas a la situación actual, pero para conseguir cambios en una cultura son necesarias muchas más cosas que cambiarle el nombre al regulador, adoptar nuevas normas o enviar un nuevo informe a todos los empleados.

¿Es un banco bueno un banco “aburrido”?

Personalmente, creo que trabajar en un mundo unidimensional en el que la única motivación es el beneficio, y en el que lo único que ves es la pantalla de tu ordenador y a tus compañeros de oficina, tiene que ser aburrido (e igual da cuánta adrenalina añadas a esa mezcla). La banca sostenible puede responder a las necesidades de la sociedad: cómo convertirnos en una economía con bajas emisiones de CO2, cómo cultivar nuestros alimentos en armonía con la naturaleza, cómo contribuir a que la gente tenga una vivienda, acceso a la sanidad, a la educación y a otros servicios que sean integradores, y ofrecer un nivel de atención adecuado a las personas más vulnerables y desfavorecidas, y cómo podemos apoyar a los emprendedores que ponen en marcha un negocio con la sana intención de mimar a todas las partes interesadas en el mismo y también al medio ambiente.

Los bancos sostenibles existen; están dirigidos por profesionales de la banca que tienen otras motivaciones y otros valores. Saben que la posición que ocupan en la sociedad les permite potenciar la sostenibilidad al trabajar codo con codo con sus clientes –emprendedores y ahorradores– de cuyos intereses son responsables y que deben equilibrar de forma saludable. Al hacer realidad la financiación de un nuevo proyecto, los profesionales de la banca pueden despertar la creatividad de los emprendedores y ayudar a los ahorradores a destinar su dinero hacia las actividades que verdaderamente quieran apoyar.

¿Puede ser la banca un sector líder en la sostenibilidad del futuro?

banca etica 2Teniendo en cuenta el poder que tiene la banca a la hora de asignar recursos en la economía, es totalmente posible.

Los dirigentes de los bancos sostenibles con valores se han reunido en Berlín con motivo de la conferencia anual de la Alianza Global por una Banca con Valores. El tema central de este año han sido los actores del cambio – en referencia a los clientes con los que trabajan, pero también en alusión a lo que cada uno de estos bancos aspira a ser. Son un ejemplo de cómo los bancos puede trabajar con sus clientes para crear formas de desarrollo que sirvan de inspiración a otros. En Mongolia, el banco especializado en microcréditos XacBank promueve los préstamos a bajo coste para aislar las cabañas de madera en las que viven las familias en Ulán Bator (la capital más fría del mundo). En Vancouver, Vancity –la cooperativa de crédito más grande de Norteamérica- trabaja con los grupos aborígenes nativos para buscar soluciones financieras que respondan a las necesidades de sus comunidades.

Estas historias no son solo interesantes por sí solas, sino que además dan un giro de 180 grados al debate sobre la banca. Al hablar del papel que desempeñan como intermediarios entre ahorradores y prestatarios, estos bancos despiertan el interés de la gente por el papel de que todos desempeñamos en las relaciones financieras, haciendo que los asuntos relativos al dinero intimiden menos y resulten más accesibles.

Aunque los bancos buenos también deben comprender las cuestiones de beneficios, pérdidas, riesgos y palancas del negocio, también han de tener en cuenta los vínculos sociales existentes entre su negocio y los distintos grupos interesados en el mismo. Con este planteamiento más integrador, la banca se mantiene en contacto con el mundo real al tiempo que adopta un enfoque a largo plazo para comprender las cuestiones del bienestar financiero. Y esto no es para nada aburrido, y tampoco irrelevante si se quiere construir un modelo de negocio sólido y a largo plazo. Estos profesionales de la banca no necesitan grandes retribuciones ni bonus para motivarse, ni forman parte de esa cultura que trata de quebrar las normas para su propio bien y para aumentar sus beneficios. Por el contrario, tratan de averiguar cuál es la mejor manera de cambiar el sistema financiero para que satisfaga de forma efectiva las necesidades más profundas de la sociedad y del planeta.

Una cultura de este tipo podría resultar mucho más eficaz que cualquier norma o regulación a la hora de transformar el sector de la banca. Y esta nueva clase de bancos podrían cambiar la economía y el mundo mucho más de lo que imaginamos hoy en día.

Por: Joan Antoni Melé | 26 de marzo de 2013 | 1 comentario »

La valentía de hacerse preguntas

Bombilla Adónde va mi dineroCuánta gente hay que parece tener respuesta para todo, a quién le ruboriza hasta el extremo la posibilidad de ser sorprendido en un instante de duda, como si no tener la solución o una opinión sobre cualquier tema fuese síntoma de debilidad.

No creo que lo sea. En realidad, lo valiente es permitirse dudar y ser capaz de hacerse cualquier pregunta. Los que ya  me conocen, sabrán que por mi profesión siempre destaco una cuestión que me parece clave: ¿por qué no preguntamos a nuestro banco qué hacen con nuestro dinero? Para esto, hay que tener el coraje de reconocer que la respuesta puede ser inesperada, o no gustarnos.

El motivo de la reflexión es la entrevista que me han hecho desde el blog de la web Dontknow, que comparto aquí para los que deseen leerla. Bajo el lema “I only know I know nothing”, presentan este proyecto como “la red social que te ayuda a tomar las decisiones importantes de tu vida”.

Desde aquí les deseo suerte en el propósito por el que se mueven y que comparto, porque creo que el destino de una sociedad es la suma de las decisiones personales de cada uno. Estoy convencido de que es solamente actuando apoyados en ideas como la transparencia, la conciencia, la responsabilidad individual y la libertad que podremos avanzar como personas y como sociedad.

Por: Joan Antoni Melé | 22 de marzo de 2013 | 1 comentario »

Volver a la sensatez

Banca comercial

Sectores de la economía real que financia Triodos Bank

Igual que no se puede repetir lo mismo si se quiere obtener resultados distintos, según el planteamiento que se atribuye a Einstein, tampoco hay que desechar cualquier idea por no ser absolutamente novedosa.

Estoy pensando en la vieja propuesta de separar banca comercial y banca de inversión, como se hizo tras la gran crisis financiera y económica de 1929. La medida, que en su momento se tomó para evitar que los fondos de los depositantes comunes de la banca comercial pudiesen invertirse en el mercado de capitales, actividad tradicional de la banca de inversión, y ponerse así en riesgo, acabó abandonándose en pleno auge de la especulación financiera en los 90.

Mi intención no es dar recetas de política económica, básicamente porque no soy la persona a quien le corresponde sugerir qué medidas podrían ser las más adecuadas en este momento, pero me llaman la atención algunas ironías que contiene a veces la Historia. Ironías que quedan difuminadas por el paso del tiempo y sus inevitables desmemorias.

Desde ciertos sectores se habla de algunas propuestas diferentes con cada vez más de relieve, como la de la banca con valores de Triodos Bank, como de algo demasiado radical para acabar teniendo una dimensión relevante. Y yo me pregunto: ¿y si en el fondo, más que innovar, no estuviésemos haciendo nada más que intentar volver a la sensatez?

Economía con nombre y apellidos

Los fondos de las personas que otorgan su confianza a Triodos Bank se invierten en empresas e iniciativas de la economía real, en actividades económicas reconocibles, en personas con nombre y apellidos. Ese es su destino claro y transparente, en lugar de la inversión en productos financieros de aparentes altos rendimientos pero de difícil comprensión y evolución.

Sí, la propuesta renovadora de Triodos Bank va más allá. Lo hace con la búsqueda de una rentabilidad social y medioambiental en cada uno de los proyectos financiados, a los que no se otorga crédito bajo un criterio exclusivamente económico. De esta manera, la entidad promueve un cambio social a partir de algo tradicionalmente tan asociado al conservadurismo como el ahorro; es materialmente cierto que con tus ahorros puedes contribuir a cambiar el mundo.

Pero, además de eso, ¿el apoyo a la economía real en lugar de a la especulación no es, en esencia, una vuelta al sentido común? ¿No es eso lo normal, por mucho que estemos hablando del menos común de los sentidos?

Por: Joan Antoni Melé | 14 de marzo de 2013 | 8 comentarios »

Lo natural es cooperar

Interpendencia - Cooperación

Después del accidente nuclear de Fukushima pasaron algunas cosas dignas de recordar. Como la entrada en la central atómica, en un ambiente altamente cargado de radioactividad, de personas que arriesgaron su vida para intentar controlar la situación. “Soy joven y soltero, y siento que es mi deber ayudar a resolver este problema”, declaró a la prensa uno de ellos, insistiendo en que quería que se mantuviera su anonimato.

Esta es una de las historias que recoge ¿Por qué cooperamos?, un reportaje publicado por la revista Investigación y Ciencia que me parecía oportuno recuperar. Este artículo admite que, lógicamente, no todos los comportamientos son tan heroicos como el del joven japonés, pero que existen infinidad de evidencias de que la cooperación, y no solamente la competencia, están en la naturaleza de los seres humanos y de otras especies de forma cotidiana.

“Las leonas de una manada se prestan a amamantar a los cachorros de otras, los humanos nos ayudamos en un sinfín de actividades, desde procurarnos sustento hasta buscar pareja o defender el territorio”, citan en el artículo. Así, cuando hablamos de cooperar en lugar de competir no estamos siendo buenistas; no es eso, simplemente es natural moverse por algo más que el puro interés personal, actuar por uno mismo y también por otras personas de nuestro entorno o más allá de él.

Tras algún tiempo en que se ha primado la interpretación de la evolución como pura lucha sin cuartel por la supervivencia, los científicos están encontrando más y más ejemplos significativos de cooperación. En el programa de Eduard Punset, Redes, han explicado que los bonobos, primates con los que compartimos el 98% del genoma “consiguen vivir en paz, en sociedades gobernadas por las alianzas entre hembras”, a diferencia de otras especies que se caracterizan por comportamientos más agresivos y que se habían estudiado más hasta ahora.

Poco a poco se va remarcando lo que ya subrayó hace tiempo un pionero, el naturalista ruso Kropotkin, que tras diversas expediciones científicas a Siberia habló de un principio de ayuda mutua en la naturaleza y de que la cooperación es tan importante como la competencia en la regulación del medio ambiente.

Cooperar para obtener buenos resultados

Sobre esta misma cuestión, he comentado otras veces lo significativo que resulta que un libro de estrategia militar, como El arte de la guerra, que se atribuye al general de la antigua China Sun Tzu, haya sido referente de estudio en muchas escuelas de negocio. Ahora, por fin, empezamos a ver cómo se empieza a enseñar también desde el ámbito académico que pensar en los negocios como la guerra, además de indeseable socialmente, no suele ser la mejor opción para obtener buenos resultados.

El expresidente norteamericano Bill Clinton ya explicó hace algunos años una idea que me parece fundamental:

“Cuanto más complejas se vuelven las sociedades, y más complejas son las redes de interdependencia dentro y fuera de los límites de las comunidades y las naciones, un mayor número de gente estará interesada en encontrar soluciones de suma no nula. Esto es, soluciones ganancia-ganancia en lugar de soluciones ganancia-pérdida… Porque descubrimos que cuanto más crece nuestra interdependencia, generalmente prosperamos cuando los demás también prosperan, así que tenemos que encontrar maneras de que todo el mundo pueda ganar, tenemos que acomodarnos unos a otros. Y, en definitiva, eso es también un desarrollo que nos humaniza”.

Un ejemplo cercano

Creo, si me permiten la osadía, que así es como piensan por ejemplo las personas que se deciden por una opción de ahorro con valores como Triodos Bank. No están obsesionadas con conseguir una rentabilidad exagerada con sus ahorros. Optan por un interés razonable, por la fiabilidad y, al mismo tiempo, por estar seguros de que con su dinero se impulsan proyectos y empresas con un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

¿Se puede decir por esto que los clientes de Triodos Bank son eso que llaman buenistas o bienpensantes? A mí más bien me parece, sin conocer a fondo las motivaciones personales de cada uno, que simplemente tienen una actitud natural, que se acercan a Triodos Bank como una opción lógica para sus ahorros porque han comprendido la consecuencias, personales y sociales, que tienen las luchas de todos contra todos. Como podrían ser, en este sector, apoyar actividades que deterioran el medio o empobrecen a las personas por un afán exclusivo de conseguir el máximo interés.

Por: Autor Invitado | 8 de marzo de 2013 | 2 comentarios »

El papel de la banca como intermediario financiero

Por Marcos Eguiguren, socio director del Grupo Inmark y miembro del Consejo de Administración de Triodos Bank

La banca es un negocio muy antiguo. Actividad bancaria, en el sentido de intercambio o movimiento de dinero ya se registra en la antigua Grecia aunque la actividad de préstamos tiene antecedentes tan antiguos como los de Babilonia en el x. XVIII a.C.

Se populariza el papel de los banqueros en la alta Edad Media y durante el Renacimiento. De hecho, el nombre “banco” deriva de la palabra italiana banco, “escritorio”, utilizada durante el Renacimiento por los banqueros florentinos quienes hacían sus transacciones sobre una mesa cubierta por un mantel verde. El actual término “bancarrota” se deriva de la ruptura física de esa mesa cuando un banquero o cambista no tenía suficientes fondos para hacer frente a sus obligaciones.

Si nos atenemos a la función clásica de la banca, podríamos incluso llamarla histórica, encontramos que está relacionada con dos grandes aspectos:

  • Los servicios relacionados con el dinero. Desde un punto de vista histórico, los ejemplos más claros, que ya se dan en la edad media, serían los de garantizar la transferencia segura de fondos entre titulares distintos y en distintos lugares geográficos para cubrir el pago de transacciones comerciales.

  • La intermediación financiera. Es decir, la recepción de sobrantes de liquidez provenientes del ahorro para invertirlos en actividades productivas en forma de préstamo.

Me gustaría centrarme hoy en el segundo de esos aspectos: el papel de la banca como intermediario financiero.

Si nos vamos a los orígenes, si simplificamos el análisis y vamos a las cosas que verdaderamente importan, nos daremos cuenta de que el papel que juega la banca en una sociedad moderna es absolutamente fundamental. La banca es un eslabón clave entre aquellos que tienen cierta capacidad para ahorrar dinero (depositantes) y, por lo tanto aquellos en los que su capacidad de generación de ingresos es superior a su gasto medio, y aquellos que tienen la visión y los proyectos para crear riqueza y valor social (prestatarios) pero no poseen suficientes recursos para ponerlos en marcha.

Al analizar el párrafo anterior con detenimiento, nos damos cuenta de una serie de puntos que son clave para entender el papel dinamizador de la banca y su poderoso rol como multiplicador de la riqueza, pero también para interiorizar algunas de las premisas de la función de banquero y de las limitaciones de la profesión:

  • A nivel global, al administrar el dinero de terceros (los depositantes) para invertirlo en prestarlo a otros (los prestatarios), la banca se transforma en el gran administrador y gestor del riesgo planetario. Por ello no puede ser banquero cualquiera. Tiene que tener una formación sólida y profunda así como una experiencia acreditada que le permita evaluar los riesgos implícitos en la actividad económica y defender así el dinero que le ha sido depositado. No todo el mundo sirve para esto, la banca es una profesión.

  • El hecho anterior nos lleva a otras conclusiones. Al estar los riesgos económicos del planeta en manos de los bancos, cuando los banqueros prestan a determinadas inciativas con la seguridad de que el dinero les va a ser devuelto pero que se alejan de la economía real o de las necesidades racionales de la ciudadanía, pueden acabar creando un círculo vicioso que puede estallar en cualquier momento. En algún momento, alguien no podrá pagar. Aunque hayan realizado bien su análisis del riesgo, habrán fallado en otra de las premisas, la comprensión holística del mundo. El banquero ha de ser consciente de su capacidad casi única, muy superior a la de los gobiernos, de crear o atajar riesgos sistémicos. Para ello tiene que tener una gran formación cultural y social. Una gran comprensión del mundo.

  • El banquero sabe que el dinero que presta hoy debe ser devuelto por los prestatarios a lo largo del tiempo. Su visión del riesgo tiene que ser a largo plazo, no a corto plazo. El banquero de hoy ha de trabajar por la cuenta de resultados y por la solvencia de su banco y la seguridad de sus depósitos no solo de hoy, sino de mañana. Para ello necesita unas grandes dosis de ética y de honestidad. Tiene que entender que el engordamiento de las cuentas de resultados de hoy puede pasar factura a depositantes inocentes el día de mañana. Ha de huir del lucro fácil a corto plazo y ha de tener la honestidad de decir “no” a un posible prestatario si no tiene clara su verdadera capacidad de repago haciendo así un favor tanto al propio banco como al mismo prestatario.

Por ello la remuneración de los banqueros tiene que ser relativamente alta, la justa para retribuir una profesionalidad elevada, una comprensión holística de la sociedad y del mundo y un comportamiento ético y honesto para con la profesión. Sin embargo nunca puede ser tan elevada, en aras de una supuesta excelencia profesional, que ponga en riesgo la necesaria visión a largo plazo o la honestidad requeridas por su labor.

Si no existiera la banca, habría que inventarla pero con banqueros profesionales y expertos, honestos, con visión a largo plazo, conocedores de la sociedad y del mundo así como conscientes de su rol como gestores planetarios de los riesgos económicos.

Marcos Eguiguren es profesor en la Universitat Politècnica de Catalunya y miembro del Consejo de Administración de Triodos Bank. Esta entrada fue publicada originalmente en su blog personal http://www.marceguiguren.es/.